El pasado doloroso. Parte I. Pretérito perfecto.

No soy hispanohablante nativa. El español lo estudié, lo aprendí  y lo convertí en el equivalente de mi lengua materna.  En un momento dado, tuve que lidiar con los diferentes tiempos verbales del pasado y salí de aquella batalla ilesa aunque perdiendo a muchos compañeros por el camino.

 Años más tarde, ya siendo profesora de ELE, me he dado cuenta de que el momento de trabajar los tiempos pasados, a menudo se convierte en la primera crisis importante tanto para los estudiantes, como para los profesores provocando una avalancha de quejas de ambos grupos.

Con el objetivo de aliviar un poco el dolor a todos los que tengan que aprender o enseñar los tiempos verbales del pasado, me gustaría aportar mi perspectiva como extranjera, basándome en mi experiencia tanto de estudiante, como de profesora. Al lío. (Véase también las entradas sobre el indefinido y el imperfecto).

El pretérito perfecto no suele generar mucho alboroto. Un momento delicado es el descubrimiento por parte de los estudiantes que el verbo “haber”. Conocido solo como el infinitivo que dio origen a la forma “hay”, también es un verbo auxiliar que sirve para la formación de los tiempos compuestos. La irritación es sutil, aunque palpable, la pregunta que nos acosa es: ¿entonces hay una forma o muchas del verbo "haber"? 

Nos tranquilizamos un poco, al aclarar que cuando el verbo significa “existir o estar, es hay” y cuando “es un verbo que ayuda, se conjuga”. Por más cursi que suene, funciona.

Desgraciadamente, la conjugación siempre duele y la tendencia a confundir la primera y la tercera persona del singular del verbo haber es una pandemia.

No obstante, tampoco debería sorprender ya que a estas alturas del curso lo más probable es que nuestros estudiantes hayan utilizado solo el presente de indicativo y hayan asumido, que salvo algunos casos, la primera persona termina en o.  Para memorizar la conjugación de haber en el pretérito perfecto, a mí me funcionó el siguiente juego mnemotécnico.

E es la primera letra de la palabra ego, y según Freud ego se reconoce como yo, por lo cual he tiene que ser la primera persona del singular del verbo haber y por eso yo he soñado y no yo ha soñado, en resumen: (YO=EGO/E/HE).  A la hora de enseñar, me gusta recordar a mis estudiantes que yo también he pasado por todo lo que ellos ahora mismo están experimentando y ofrecer, sin imponer, los atajos que me funcionaron a mí. La fórmula (YO=EGO/E/HE) la aprecian mis estudiantes chinos y canadienses. 

Otro problema surge con la primera persona del plural de haber. ¿Dónde se ha visto que la primera persona del plural no sea regular? ¿Salvo ser e ir?  Nosotros y vosotros es la fortaleza de normalidad, es un sótano en el huracán de los verbos irregulares, que aunque muten como locos,  siempre rebotarán cuando se trate de sus formas en primera y segunda persona del plural. 

En presente de indicativo había cierta lógica. ¿Y aquí? ¡Qué chapuza! Además, de vez en cuando , anuncian que habemus papam y si el latín y el español son como hermanos, ¡vaya traición!

 En mis tiempos de estudiante, intenté metabolizarlo así: habemos no puede ser correcto, porque haber es un verbo chungo y la primera persona del plural es rara. Tengo que abreviar, abreviar, ab…, eliminar ab.  Entonces de la palabra habemos elimino ab, obtengo hemos y saco un diez. Después de haber compartido algo de esta brujería con mis estudiantes, recibí una visión aun más sencilla, esta vez ofrecida por un estudiante de Florida: 

La forma habemos, o sea la forma regular, es incorrecta, hay que eliminar algo.  Hay que eliminar dos letras. Uno, dos. Primero, segundo. Primera letra del alfabeto y segunda letra del alfabeto.  A y B. Elimino A y B,  y ya está.

Las formas de los participios son accesibles, los participios irregulares pocos y simpáticos,  aunque hacido no suena nada mal y seduce con su simplicidad. Son muchos los que han caído en la tentación de usar hacido como participio de hacer,  aunque ha sido realmente fácil traerlos del lado oscuro, mostrándoles varias etiquetas, como: “hecho a mano”, “hecho en México”, “hecho de madera”, pidiéndoles varias veces que firmaran sus deberes “hecho por…” y devolviéndoselos con un comentario “bien hecho”. No tengo que mencionar que el uso del participio en la creación de la voz pasiva suele percibirse como una ganga: dos por uno.

Pretérito perfecto se vincula fácilmente con su homólogo inglés (Present Perfect) y por más que no les guste a algunos hacer referencia a otros idiomas, es la mano de santo. Muchos profesores nativos se sienten indignados cuando algún estudiante les pregunta si el pretérito perfecto es como Present Perfect en inglés. Merece la pena aprovechar todos los parecidos, porque cuando uno puede identificar los elementos fijos del juego en el campo de idiomas,  ataca con más confianza.  El pasado duele, pero es la obligación del profesor minimizar este dolor y reconocer que si Cervantes y Shakespeare pudieron morir casi el mismo día, el pretérito perfecto y Present Perfect pueden ser casi lo mismo.