El pasado doloroso. Parte II. Indefinido.

El protagonista de la segunda parte de las peripecias con los tiempos verbales de pasado es el  pretérito indefinido[1] (véase también las entradas sobre pretérito perfecto y el imperfecto). 

Lo realmente difícil es la barbaridad de formas irregulares y la creciente conciencia que en español, cada tiempo verbal es un mundo aparte, donde el estudiante tiene que reiniciar el sistema y construir en su cerebro, los modelos de la conjugación desde cero.

Primero, para recordar que las formas de la primera persona del singular terminan en –í o en -é,  me ayudó pensar que yo en inglés es I, que yo se relaciona con ego.

La fórmula (Yo-I-Ego) permite subir el primer escalón de la conjugación del indefinido, manteniendo la sensación de la lógica en toda esta locura. La mayoría de los estudiantes acepta esta explicación con cara de alivio.

La terminación de la segunda persona del singlar -aste, -iste, decidí memorizarla sin más, porque uno no puede pasarse de listo y estudiar, hay que estudiar. Después bastó con añadir –is para obtener la forma de la segunda persona del plural. (Tú + is = vosotros), apuntó mi estudiante de Bombay. 

La desinencia –o, asociada con la primera persona del singular en el presente de indicativo, abandona su puesto y se vaa la tercera persona del singular. Eso nadie lo espera, pero una vez explicado que cada tiempo es un mundo aparte, la desilusión disminuye. Una vez, un alumno me dijo que los símbolos del sexo masculino y femenino contienen un círculo que es como –o en la terminación del verbo en indefinido para la tercera persona del singular.

= ÉL/ELLA= O

 

El fin justifica los medios así que ¿por qué no?

 La primera persona del plural es bastante piadosa, salvo los verbos irregulares y los que terminan en –er, las terminaciones se comportan como en el presente de indicativo. Bastante abarcable.

 La desinencia de la tercera persona del plural, la memoricé sin más. No obstante la nueva generación es más creativa y he visto una propuesta realmente interesante, desgraciadamente sólo contempla los verbos regulares que terminan en –ar

Sasha, un estudiante ucraniano, me lo ha explicado así:

“Para crear la tercera persona del plural del verbo regular que termina en –ar, coges el infinitivo y lo enciendes, para encender algo tienes que pulsar el botón ON, y si juntas el infinitivo con ON, obtendrás la forma correcta”.

 Las formas irregulares dan vértigo y lo único que uno puede hacer, a parte de memorizarlas como si de tabla de multiplicar se tratase, es agruparlas y dotarlas de normalidad.

 Buena noticia es que hay una oferta dos por uno,  ser e ir se han fundido. Mala noticia es que la conjugación obtenida como resultado de esta fusión, no se parece en nada a nada. Ni siquiera la tercera persona del singular termina en –o. Es mejor asumir que es un extraterrestre y que viene acompañado por hubo.

 Para encontrar el método en esta locura, partimos de la premisa que la tarta representa los verbos irregulares y los quesitos (la nomenclatura de Trivial resulta bastante universal) son las pautas que podemos distinguir en su conjugación. El número de los quesitos puede variar, los estudiantestrabajan en grupos para elaborar una tarta que mejor se adapte a su paladar lingüístico. 

Aquí va un ejemplo.

tarta de quesitos.png

 

Para memorizar mejor el contenido de los quesitos, pido a mis estudiantes que escriban frases que les permitan recordar tanto la conjugación de estos verbos, como su significado. Es una ocasión para repasar los verbos como pedir, poder y poner que forman una tríada demoníaca que te hace dudar de tu salud mental.

Ayuda a vincular poner con saber, y como es suficiente intercambiar la p con la s en sus formas verbales en indefinido, puse/supe,  basta con aprender una conjugación, para saber ambas. Otra vez, dos por uno.

Las frases creadas con los verbos de cada quesito, suelen ser personales y subjetivas, a veces se convierten en una historia pero aun más importante es que son los mismos estudiantes quienes forjan una herramienta para memorizar lo difícil.

 

Más adelante, cosecha 2015, grupo de cuatro personas (un sueco, un azerbaiyano, una polaca y una francesa).

 Inés sintió amor por su jefe, mintió a su marido y no pidió perdón.

El marido-Ramón se puso furioso, ni supo perdonar, ni pudo olvidar.

Entonces vio a su abogado y dio su matrimonio por terminado.

Inés leyó los papeles de divorcio y casi se cayó de dolor y Ramón la oyó gritar:

¡Ay, Dios Mío! ¿Qué hiciste? Yo te quise tanto. Tu tampoco eres inocente.

¿Por qué no viniste a casa anoche ?

¿Dónde estuviste? ¡¿Tuviste que trabajar?! ¡Mentira! ¡Estuviste con Carmen!

Triste Inés se durmió y en el sueño murió.

Triste Ramón primero condujo al bar y después al funeral,

trajo los restos de su muerta mujer a casa y entonces dijo perdón.

[1] Pretérito perfecto simple, pretérito absoluto, pasado simple, pretérito, perfecto simple, pretérito perfecto absoluto – llámenlo según su parecer y costumbre, yo me ceñiré al indefinido debido al hecho que así se lo llamaba en mi época estudiantil cuando tuve que aprender sus meandros, evitar no caer en sus trampas y utilizarlo con sonrisa.