La diversidad unánime y la unanimidad diversa

Mirando por primera vez a un grupo de estudiantes que parecían un precioso anuncio de Benetton sentí un pánico que con el paso del tiempo se convirtió en una experiencia fascinante. No he podido resistir la tentación de forjar ciertos esquemas de conducta, aunque me limitaré a comentar los positivos.

En primera fila siempre se sientan los ucranianos, los bielorrusos y a veces algún que otro georgiano. Son jóvenes, entusiastas y tienen diecisiete años ya que empiezan su carrera universitaria antes que la mayoría de sus colegas de todo el mundo. En segunda fila, los alemanes con su puntualidad impecable, los franceses y los italianos bastante relajados y sonrientes, los polacos que no hablan mucho pero absorben todo lo que digo. Detrás, se sitúan los estadounidenses, siempre directos y con gran sentido del humor, los suecos, respetuosos, educados y los más altos, los chinos siempre en un grupo callado y disciplinado, los de la India, dulces y sociables, los de Azerbaiyán, tímidos y trabajadores y en la última fila, los japoneses determinados e individualistas. Naturalmente, se podría multiplicar los ejemplos o crear una descripción similar proporcionando ejemplos de los mecanismos que puedan dificultar el trabajo con el grupo, pero hoy no se trata de eso.

¿Cómo abarcar medio planeta en un aula?  Como siempre, hay que buscar trucos que permitan encontrar similitudes entre el ucraniano, el chino, el inglés, el francés etc. y el castellano.  Los que hablan francés o italiano lo tienen fácil, la conjugación es parecida, el léxico similar, la pronunciación no supone mayor problema. Los que hablan inglés, observan ciertas semejanzas lexicales y semánticas, los hispanohablantes suelen formar parte de su entorno local, y mientras que los tiempos verbales son, en muchas ocasiones parecidos, la conjugación supone un castigo infernal. Para los que utilizan las lenguas eslavas, a nivel gramatical, el castellano es más o menos fácil. La conjugación la tienen asimilada como algo natural, la declinación, tan presente en sus lenguas maternas, en castellano no existe, salvo la de los pronombres personales en objeto directo e indirecto- tema que los eslavos asimilan casi por osmosis.  La complejidad de los tiempos verbales todavía es abarcable debido al parecido con el inglés que suelen hablar bien, pero el subjuntivo es un invento bestial. Algo similar ocurre con los escandinavos y los alemanes. Ahora viene lo difícil: las lenguas tonales con su representante más poderoso o sea el chino. La dificultad a la hora de pronunciar r o rr , el bloqueo a la hora de hablar, formular dudas y preguntas que se debe al respeto y no a la pasividad como algunos se imaginan.  La nublada percepción de la concordancia de género y número de los sustantivos y los adjetivos que hay que practicar hasta el cansancio, la tendencia de utilizar el infinitivo en vez de las formas verbales que se puede combatir con la práctica infinita de reescribir las conjugaciones a lo medieval.  Sea cual sea el caso, el truco que siempre funciona, es mezclar a los estudiantes de diferentes nacionalidades, romper las filas creando un anuncio de Benetton unánimemente diverso y diversamente unánime.