Saber enseñar

Una cosa es saber y otra es saber enseñar
— Cicerón

¿Cómo ser un buen profesor y no morir en el intento? Difícil, pero posible. Primero piensa en todos los profesores que has tenido a lo largo de tu vida. ¿Con cuáles más aprendiste? ¿Cómo eran? ¿Ya?

Posiblemente, te acuerdas de todos sus muertos porque mantenía la disciplina férrea en clase,  te exigía mucho y nunca se olvidaba de los deberes que te había puesto. De vez en cuando, mostraba su rostro humano o una pizca de humor, era duro pero justo y hasta hoy te sabes de memoria la cronología de los emperadores romanos, los nombres y las superficies de los lagos canadienses, los números atómicos de todos los elementos de la tabla periódica o conjugas sin parpadear los verbos modales en alemán.

El secreto, como siempre, radica en la composición de ciertos ingredientes.

Aquí van.

Primero, sé puntual. En caso de un profesor significa llegar ANTES de que empiece la clase. Exige puntualidad de tus estudiantes. Si hace falta, a los que suelen llegar tarde, ponles una tarea adicional, aunque sea pequeña.

Sé consecuente, si la redacción hay que entregarla el lunes,  es el lunes y punto en boca.

Demuestra que no sólo sabes enseñar sino aprender también y memoriza los nombres de todos tus estudiantes o los detalles que te proporcionen.  De esta manera respetas y te haces respetar.

Insiste en la colaboración de toda la clase, que trabajen en grupos, parejas, siempre en una configuración diferente. A menos que sea la enésima vez que das tu clase magistral y el grupo de zombis que tienes enfrente no te intimida.

Exige más de ti mismo que de ellos. Prepárate para una avalancha de preguntas que tengan como objetivo demostrar que hay algo que no sabes.  Si no lo sabes, admítelo y promete traer la respuesta la próxima vez. Cumple tu promesa.

Finalmente, no pierdas el sentido del humor, es tu chaleco salvavidas. Ríete con tus estudiantes pero no dejes que esto altere el ritmo de la clase. 

Y por si acaso, asegúrate que en tu silla no haya un huevo, que tu cremallera esté bien cerrada, que no se te haya subido el vestido, o que tengas el móvil apagado.

Respira,  la batalla ha empezado y la vas a ganar enseñando todo lo que sepas o todo lo que puedas.