El porqué de los marcianos

El misterio se ha desvelado. Mi mejor amiga y yo cometimos un libro. El motivo fue el cansancio y el aburrimiento (véase La maldición de Juan y María) junto con la incoherencia de los contenidos gramaticales de los manuales disponibles en el mercado (véase Nivel avanzado para principiantes).  Un día no pudimos más y decidimos crear nuestros propios materiales, ajustados a las necesidades de los alumnos que provengan de todos los continentes y quieran aprender español de forma menos convencional.

Primero, decidimos que nos gustaría que el libro tuviera un hilo temático en vez de una macedonia de diálogos, y segundo, que tuviera un número reducido de personajes en vez de un elenco épico.  Por esta razón trajimos a la vida a dos marcianos. Se llaman Gordi y Verdi, son turistas y deciden visitar el planeta Tierra, y en concreto una isla idílica que se llama Paraíso habitada por Adán y Eva. Para evitar cualquier tipo de connotación religiosa, les hemos regalado una pandilla de animales y manías. Adán y Eva viven rodeados de osos polares, focas y delfines. Adán come demasiado beicon y se ríe de Eva. A Eva le molestan muchas cosas. Los marcianos nos proporcionan mucha información sobre su planeta. Todos expresan sus opiniones sin rodeos y formalismos.

En varias ocasiones, nos han preguntado si no es un libro para niños. No, no lo es. Paradójicamente son los adultos quienes necesitan activar su imaginación para aprender, aunque al principio del curso solemos observar caras incrédulas y desorientadas. Los estudiantes universitarios se suben al tren de los absurdos muy rápido y admiten que el aprendizaje les resulta más divertido y apacible.

 – Claro, dentro de lo posible–añaden.

Claro, claro. En cambio, durante los cursos que organizamos para empresas, los altos ejecutivos tardan más o menos dos clases en admitir que los marcianos les intrigan y no son absurdos del todo.

Las voces que tachan de inútil la aparición de elementos extraterrestres en un manual de ELE, se callan rápido. Las dudas en torno a la verosimilitud de los diálogos, se disipan. Al final todos admiten que cosas más raras se han visto que dos marcianos en Paraíso.