El subjuntivo no muerde

En clase mis alumnos acaban relativamente hartos de oírme decir “el subjuntivo es nuestro amigo”. El caso es que lo digo totalmente convencido y desde el fondo de mi corazón. A veces, me extiendo un poco y les hablo de cómo el subjuntivo nos cambia la vida, nos permite expresarnos mejor, vivir de verdad y alcanzar el nirvana.

Bueno, esto último no lo digo, es verdad. Pero todo lo demás sí. Y los ojitos de mis queridos alumnos reflejan desde compasión (“pobre, ha perdido la cabeza”) hasta emoción (“yo también quiero eso”). No me siento mal al decir estas cosas y “perder” unos minutos de clase al pararme a dar tal discurso motivador cuando las dudas no cesan y el pánico atenaza las gargantas de los alumnos. Pero sí me molesta, en cierta medida, saber que la razón de ese miedo al subjuntivo no sale de ellos. No es que yo empiece a dar las formas y algunos usos y ellos sientan que no lo entienden. No. Es un miedo inoculado, inducido, un pánico que traen ya en la mochila junto con sus libros desde el primer día de clase.

No sé si te ha pasado. Empiezas la clase, revisas ejercicios, recuerdas cosas de la clase anterior y presentas el plan del día; mencionas “subjuntivo” y puedes sentir como la atmósfera de la clase cambia. Miradas nerviosas entre estudiantes. Dedos que pasan páginas hojeando lo que vendrá y buscando, no sé qué (tal vez sólo tratando de comprobar que es un tema de apenas dos páginas). Y entonces respiras hondo, miras a todos y con la más dulce de tus voces, esa que acompañas de una sonrisa (más o menos) sincera, esa que usas al hablar con tu sobrino o el hijo de un amigo.

Efectivamente, estas líneas van dirigidas a todos esos profesores que usan el subjuntivo como el coco. Que al explicar el pretérito perfecto simple (lo llamo usando el cariñoso “indefinido”), por ejemplo, dicen algo como “va, que esto no es tan difícil como el subjuntivo” o, para acallar suspiros ante alguna complicación, sueltan (a veces incluso sonriendo, ya ves) un “pues si esto te parece complicado, ya verás el subjuntivo”.

No, por favor. No hagas eso. No traumes a tus estudiantes innecesariamente. Y mintiendo, además, porque el subjuntivo es nuestro amigo. Un amigo que, poco a poco, como la gente del norte de España, va entrando en nuestra vida hasta que ya no podemos vivir sin él. Es un modo con formas muy regulares, con pocas excepciones (muchas menos que el indicativo) y que vamos enseñando a usar poco a poco, paso a paso, empezando por estructuras claras y sencillas en un in crescendo que va desde deseos, instrucciones, verbos de influencia, opinión y suma y sigue.

El subjuntivo es tu amigo. Haz que sea el amigo de tus alumnos también y te lo agradecerán tanto ellos como su futuro profesor.