Vuelo con destino a Comunicación – parte I

La gente estudia una lengua extranjera porque quiere hablarla. Así de sencillo. Mis estudiantes no tienen la menor intención de leer El Quijote, no les interesa aprender ni el Pluscuamperfecto de Subjuntivo, ni el Futuro Compuesto, y bostezan indiscretamente en cuanto ven unas frases hechas. No obstante, la capacidad de comunicarse en un idioma extranjero, a pesar de ser la más cotizada, resulta al mismo tiempo la más difícil de conseguir.

Nuestro mundillo de profesores de ELE unánimemente cree en la necesidad de utilizar la lengua meta en clase. Con la premisa de crear una burbuja de sonido envolvente del castellano, juramos por nuestro honor no soltar ni una palabra en la lengua A (la lengua materna del estudiante) ni en la lengua B (primera lengua extranjera). Vamos a utilizar únicamente la lengua meta.

Según mi experiencia, además de fuerza de voluntad y paciencia, es de gran ayuda:

Prohibir el uso de smartphones, el significado de la palabra prohibido, no permitido deberían intuirlo casi todos, si no, puedes dibujar, o mostrar su imagen en el proyector.

La tecnología ofrece muchos atajos ingeniosos, como por ejemplo el traductor de imágenes de Google Translate, mano de santo para los estudiantes y un invento del diablo para los profesores. El uso de los diccionarios, sobre todo bilingües, debilita la capacidad de memorizar, ya que disminuye la intensidad de imaginar. Así que, la electrónica fuera del aula. Ahora bien, cambiar el idioma al español en Facebook, Twitter, Instagram y otros juguetes, puede favorecer el aprendizaje porque la mayoría utiliza estas herramientas de manera intuitiva y, aún más importante, repetitiva.

Repetir hasta marear: “en español, por favor”.  Resiste la tentación de corregir, intervenir y aclarar; no caigas en la trampa de contestar en la lengua A o B una pregunta de cualquier índole, por más provocativa que resulte. Sin embargo, es muy valioso que cuenten con tu fluidez en su lengua materna u operativa a la hora de aclarar dudas respecto a la organización del curso.  Me refiero aquí a la hora de fijar las fechas de los exámenes, tutorías, accesibilidad de los materiales etc.

Confiscar los bolígrafos. Que no apunten, que escuchen. De vez en cuando.

Sacar tu payaso interior. En el nivel inicial, explica más bien con tu cuerpo que con las palabras. Gesticula, imita las sensaciones,  reproduce las acciones con los movimientos de tu cuerpo, canta y dibuja. Lo último se me da fatal, por eso me ciño a dar espectáculo junto a la pizarra. No tengas miedo a hacer el ridículo, porque al fin y al cabo, lo que cuenta es el resultado. Por supuesto, disponemos de un mar de materiales, donde junto a una imagen, aparece su nombre, pero ¿acaso no es una forma de diccionario ilustrado?

Otro buen consejo, especialmente para mujeres: es mejor llevar pantalones, por si tienes que mostrar qué significa saltar o correr. Los escotes quedan prohibidos. Por varias razones.