Los profesores nativos en el extranjero, un puñado de observaciones

Un profesor nativo con conocimiento legitimado de los meandros de la gramática, conciencia lingüística y vocación para enseñar es como un unicornio escupiendo arco iris. Cualquier institución lo desea, cualquier persona quiere ser su alumno y todos saben que es muy difícil encontrarlo.

El mero hecho de ser nativo no es suficiente para enseñar. Por lo menos enseñar bien. Y aunque los foros de profesores están llenos de comentarios tipo: “Hola, soy española, se me ha ocurrido enseñar el español a los guiris. ¿Cómo lo hago?”, afortunadamente cada vez más se valora la formación, preparación y experiencia.

Por otro lado seguro que cada uno de nosotros en algún momento dado tuvo clase de idiomas con algún nativo, que a parte de ser nativo y decidir que era una manera de ganarse la vida, no tenía ni formación, ni experiencia necesaria para hacerlo.

Mis profesores de español se reclutaban de siete países hispanohablantes diferentes y todos, además de criticar los métodos de enseñanza de sus antecesores, repetían con el aire de superioridad “no me suena”.

Que quede bien claro que gracias a esta miscelánea peculiar de personajes he aprendido ambas lenguas y por ello me siento eternamente agradecida. Mientras algunos me han inspirado para seguir sus pasos y convertirme en profesora, otros me han crispado tanto, que siempre cuando me toca enseñar mi lengua materna, los tengo en la mente como antiejemplo. De esta experiencia tengo un puñado de consejos para los profesores nativos, de parte de su ex-alumna y colega de oficio a la vez.

1. Intenta aprender unas expresiones básicas en la lengua de tus estudiantes, aunque vengan de veintisiete países diferentes. El profesor nativo parece impecable y por lo tanto un poco inaccesible. Cuando escuchen como pronuncias “hola” en chino, polaco, sueco o lituano, te verán como más vulnerable, humano, simpático, en fin, como uno de ellos que también tropieza cuando le toca aprender una lengua nueva.

2. Aprende algo sobre el país donde te toca trabajar. No seas ignorante. Es ofensivo. Muestra algo de interés en la cultura que te rodea si quieres que tus estudiantes se sientan fascinados por la tuya.

3. Aunque pertenezcas al grupo de los españoles que viajan con una pata de jamón y una garrafa de aceite de oliva en la maleta, atrévete a sumergirte en la cultura local, aunque esto implique echar de menos tus hábitos alimentarios. No montes un pollo porque en la cafetería de la uni no hay zumo de naranja, tostadas y Cola-Cao. Si el desayuno local no te hace mucha ilusión, piensa que es parte de tu experiencia como profesor de ELE que ha decidido trabajar en el extranjero.

4. Familiarízate con la idea de que haya países donde el hockey o el béisbol es más popular que el fútbol y aprende a respetarlo.

5. No llames cualquier país al este de Francia“país nórdico”

6. A menos que trabajes con los estudiantes de filología hispánica, abandona la idea comentar El Quijote en clase. Lo mismo se aplica a la poesía o las novelas, por más sencillas que te parezcan. Evalúa bien el nivel de tus estudiantes y al hacerlo, rebájalo aún más para adaptar la lectura a sus necesidades, si en una página no entienden más de diez palabras, te has pasado.

7. Siendo profesor de ELE, ten en cuenta todas las variedades del español. Si tu estudiante todo ilusionado te dirige unas palabras aprendidas a través de una serie de otro país de habla hispana que no sea el tuyo, no digas “así no se dice”, explica la diferencia y hazlo con respeto.

8. Primero eres filólogo, después nativo. Utiliza los argumentos objetivos y aunque hayas decidido tildar “solo" hasta la muerte, es tu obligación como el profesional que eres, proporcionar la postura oficial de las autoridades correspondientes.

9. Confía más en los diccionarios que en ti mismo, como ejemplo me remito a un examen donde un profesor nativo quitó puntos a todos los estudiantes que habían escrito berenjena en vez de berengena, convencido de que se escribía así, basándose en su experiencia diaria en la verdulería de su añorado Toledo.

10. Siendo nativo tienes acceso a una base de usos incomparable con tus colegas extranjeros. A la hora de enseñar, elige bien cuál expresión, modismo o refrán, deberían conocer tus estudiantes, intenta ofrecerles algo accesible de imaginar y aprender; como antiejemplo me remitiré aquí al caso de un profesor que enseñaba a la mitad de la facultad de lingüística la expresión “me importa una alcachofa” ya que su madre lo decía a menudo y lo consideraba más original que “me importa un pepino, comino, bledo, pito” etc. Por varios motivos, fue una decisión discutible, el hecho que en los años noventa en Polonia nadie había visto una alcachofa en su vida tuvo que ver bastante.

11. Ten cuidado con los vulgarismos, suelen tener menos carga según la percepción de un extranjero que a menudo los convierte en una muletilla empobreciendo así su vocabulario y buenos modales.

12. Dosifica los coloquialismos y a la hora de enseñarlos, sírvelos como si se tratase de un postre y no de un plato fuerte. No olvides que un estudiante es muy propenso a la diabetes.

13. Si trabajas con un grupo homogéneo, lleva a clase la traducción de algún fragmento de obra que les resulta familiar a tus estudiantes. Trabaja en clase un capítulo de “Los niños de Bullerbyn” en Suecia, “El pequeño Nicolás” en Francia, “Winnie the Pooh” en los países anglosajones etc. La vuelta a la infancia y la familiaridad del texto les hará hablar, participar y emocionarse. Es buena idea para empezar el curso y una muestra de aprecio por parte del profesor nativo.

14. El ceceo estadísticamente hablando está mucho menos extendido que el seseo. No riñas a los estudiantes que sesean.

15. No esperes que los estudiantes cambien el nombre de Shakespeare por Guillermo. Es de locos.

 Finalmente, prepárate que en muchos países, la puntualidad significa estar cinco minutos antes, estar a tiempo significa llegar tarde, y llegar tarde es faltar el respeto. Y para terminar, acuérdate de que aunque como nativo intimidas, hablas con la velocidad y el volumen de una ametralladora, eres nuestro unicornio.